Mes: agosto 2016

Capítulo 2: New York I love you, but you’re bringing me down

Y como es hora de hacer el drama a un lado, sigamos con el show que siempre, siempre debe continuar. 

Esa noche que llegamos fuimos a cenar hamburguesas. Recorrimos gran parte de Amsterdam Av. y resulta que Johny no mintió; la oferta de restaurantes y bares es grande  y variada en Upper West Side. Bastaba voltear a cualquier lado para darse cuenta: comida china, griega, italiana, tailandesa… de todo.
Aún así nos metimos a un pub con mesas afuera (porque hacía bastante calor) y fue ahí donde el idioma nos jugó de las suyas por primera vez pues Faby pidió ensalada en lugar de papas, o algo así. LOL

Al otro día nos levantamos temprano para iniciar nuestro recorrido. Faby que es tan precisa, armó un itinerario de acero: iríamos a Times Square, ahí entraríamos a las tiendas famosas (M&M’s, Disney…) luego a comprar el City Pass, y de ahí a la estatua de Hope y de Love que están relativamente cerca. Pero como estaba viajando con una compañera errante a la que el calor le afecta tremendamente, los planes cambiaron, digamos que un poquitín.

La avenida que está paralela a Amsterdam Av. es Broadway (yo no sabía que era como Insurgentes, es decir, que cruza casi toda la ciudad) y como estábamos relativamente cerca de Times Square, nos fuimos caminando (unas 20 cuadras aproximadamente).

Times Square, es un lujo de turistas. Lo digo porque supongo que un neoyorkino difícilmente se emociona, como un chilango cero se anima con el Zócalo iluminado. Pero como yo iba de visita, me emocionó mucho ver las pantallas, los anuncios y la tanta vida que ahí se desarrolla. Mares de gente entraban y salían de las tiendas, se formaban en la unifila para comprar boletos para el teatro, se sacaban fotos con las atracciones humanas que ahí pululan. Me recordó tantito a Madero con sus estatuas vivientes y las botargas.

No soy nada fan de los lugares con tanta gente, me pongo de malas, hago jeta y todo me parece mal, pero bueno, estaba de vacaciones y a eso iba (o si no me hubiera ido al desierto de Atacama o algo). Aguanté, juro por dios que aguanté, pero la gente y el calor excesivo empezaron a hacer estragos.

Resulta que ese día era el Día Internacional del Yoga e hicieron la clase más grande de Bikram Yoga en el corazón de Times Square, y vaya que no se necesitaba estar en el sauna, para ese momento ya hacía un pinche calorón. Faby estaba tan emocionada viendo la clase, que casi me dio pena decirle que necesitaba que me serrucharan la cabeza porque me estaba estallando. Por no tomar agua (y es que luego dónde entra uno a sacar esa agua) me dio insolación.
Me sentía mareada, ida y no podía ni caminar de lo que me pesaba y dolía la cabeza. Horror.

Nos fuimos de ahí y compramos aspirinas en un kiosquito y nos dimos cuenta que estábamos muy cerca del MoMa. Entramos para descansar y comprar el City Pass, pero resulta que este museo se salió del convenio y entonces ya no lo vendían ahí, tendríamos que caminar hasta Rockefeller Center y debido a mi situación actual, era imposible.
Decidimos quedarnos ahí hasta que se me pasara el dolor, pero nomás no cedía. Mi prima me dio agua, me dejó en un sillón (y como ahí nadie me conocía, pos que me acuesto) y nada. De repente me tuve que parar corriendo al baño… y pues eso, hice mi chiste en el MoMa. ¡Esperen! Sí alcancé a llegar al baño, todo fue muy privado y muy íntimo y muy artístico. Jiji.

Después de mi chiste (que creo que era lo que necesitaba porque extrañamente me sentí mejor después) caminamos hasta la estatua Hope. La verdad es que yo no le veo nada de bonito, sólo son unas letras, pero a la gente le mama, así que ahí vamos. No me tomé fotos ahí (en general creo que tomé muchas fotos, pero no mías, no soy fans), pero a mi prima le raya así que retomamos el “tómame una foto, tío” (chiste-local.jpg) y captamos el feliz momento.

Como había turibuses, tomamos un tour que creímos que estaba bueno (maldición, otra vez nos traicionó el idioma porque no era el mejor. Había uno que hacía recorridos buenos y estaba en español. Ni pedo). A diferencia de Europa o la CDMX, en NY hay como mil compañías de turibús, entonces encontrar la conveniente es un problema. Total que nos subimos y dimos el recorrido por dowtown sin bajar: vimos de corridito Wall Street y su famoso toro, el edificio de la ONU, pasamos por la quinta avenida, vimos un poco del Village, la NYU… estuvo bonito. regresamos a Times Square y nos fuimos directito a Juniors.

Por cierto, ahora sé por qué los gringos son tan gordos. Ellos sí creyeron el pedo del Holocausto Zombie y entonces comen como si tuvieran que guardar reservas para sobrevivir. Las porciones de comida son estratosféricas: sándwiches de tres pisos, medio kilo de papas a la francesa en el plato, cuatro capas de embutidos y dos quesos diferentes… Su comida es una locura de calorías. Pero eso no impidió que me zampara un sándwich grilled cheese y el MEJOR  cheesecake que haya probado en toda mi vida (justo ahora lo extraño tanto). 

Regresamos a Amsterdam Av caminando. La verdad es que NY es una ciudad muy tranquila (bueno, esa parte) y aunque yo traía mi paranoia que tanto detesta Faby, regresamos relativamente tranquilas. Nos encontramos un Marshall’s en el camino y celebramos mil.

Y en el siguiente capítulo… Vuelvo a ser la damnificada del viaje, pero conocimos el Guggenhaim, caminamos como ocho millones de cuadras para llegar al Empire State y yo me doy cuenta de que la Estatua de la Libertad no se puede ver desde cualquier punto de NY como me hicieron creer en El día después de mañana.  

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