Mes: junio 2016

El arte de saber conformarse

Creo que en nuestra realidad de millenials que se aburren cada cinco minutos, el hecho de conformarse, se ha vuelto un pecado.

¿Por qué nos vamos a conformar con el iPhone 6 si ya está saliendo el 7?, ¿por qué conformarme con salir con un solo tipo, si Tinder me ofrece un vasto catálogo de hombres?, ¿por qué conformarme con un solo trabajo si puedo freelancear y trabajar para muchos?

En este momento de mi vida estoy entendiendo que el concepto de “conformarse” ( que es el primo hermano feo de la aceptación) poco tiene qué ver con la mediocridad y sí tiene mucha relación con que ese es un factor para sentirnos un poco más felices.

Si bien, inconformarse es un signo de rebeldía y de evolución, lo contrario también puede significar equilibrio y paz, porque de esta forma aprendes a ser feliz con lo que tienes, y no te la pasas pensando en todo lo que te estás perdiendo, porque, ojo, de todas formas no lo tienes.

Conformarse es apostar por la carta ganadora; quizá no tendrás la adrenalina de pensar que puedes o no ganar, simplemente sabes que lo harás, y entonces eso te borra un montón de problemas de la cabeza; no construyes castillos en el aire. Es quedarse con la bellísima sala de muebles Troncoso, en lugar de asomarse a la otra catafixia, a ver si te sale una llave gigante de unicel para abrir las puertas de nada.

Cada cosa tiene su lugar, eso sí. Este nuevo concepto de “conformarse” no tiene nada que ver con “aguantarse”. Es aceptar con paz una situación que te traerá beneficios, saber si puedes o no cambiarla, y cómo distinguir la diferencia.

Por ejemplo, cuando iba con la psicóloga, le decía que no tenía novio porque no quería conformarme con lo que hubiera, que yo quería un amor que me hiciera ver las estrellas y que además tuviera barba, tatuajes, fuera educado, de buena familia, independiente, trabajador, sensible, con buen humor, que viviera solo y que le gustara el rock. La psicóloga me vio y me dijo, “querida: pues siéntate y ponte cómoda porque quien sabe si pase”.

Lo que me estaba pasando no era inconformarme, era apostar en un chingo de ruletas al seguro número perdedor.

Conformarse con las cosas buenas, no es mediocridad, es ser agradecido con la vida. O quizá no se llama conformismo, se le dice aceptación. Y la aceptación del entorno, es amor.