¡Cuando llegué a la sección de visas, válgame dios!

Todo empieza con el deseo inocuo de viajar a Estados Unidos. Si ya tiene su pasaporte, bien, ya tiene la primera mitad que es fácil, donde todo es risa y diversión.

Viene la segunda parte, donde todo es llanto y tristeza que es sacar la visa. Esto se compone de varios pasos que sólo equipararía con el trámite para pedir el uso de material radioactivo o para pertenecer a las fuerzas armadas del Mosul y que a continuación enumero:

 Uno: hay que visitar la página de la embajada, pero yo aconsejo buscar en Google “embajada americana” “visas” y ya con eso tenemos. Si se pone uno a buscar el enlace en la página principal, puede pasar más tiempo del que gasta jugando Candy Crush, buscando el chingado enlace.
Dos: ya que encontró la página, hay que leer las instrucciones con cuidado. En caso de que no domine el idioma de Shakespeare, hay versión en español. Deben llenar la solicitud, esa no está en español, así que mejor tener a la mano el Google Translate, o se corre el riesgo de declarar que es traficante de blancas.
También tengan el pasaporte a la mano (o al menos el número) porque lo piden y no se pueden saltar secciones.
Tres: Ya que llenó la solicitud y declaró que usted no es terrorista, no ha participado en tráfico de personas, armas y/o drogas, ya puede pasar a la página donde se hacen las citas (porque son dos). Deben pagar el moche de 2, 400 pesos y hacer las dos citas (la de las huellas en un lugar llamado CAS y la entrevista con el cónsul).

 ¿Llegó a este punto? Felicidades, viene lo peor: ahora debe presentarse a la entrevista con el cónsul, que es, prácticamente, una ruleta rusa. Hay como diez mil mitos sobre los documentos que hay que llevar, y otros diez mil sobre cómo es la entrada a las oficinas. La verdad es que todo es muy sencillo:

  •  Lleguen 15 minutos antes de la entrevista, no media hora, ni una hora, ni cinco minutos antes.
  • Llegará el coordinador y pedirá los papeles. Lo único que hay que presentar es el pasaporte y la hojita que parece que tiene una credencial con un código de barras y que le sellan a uno en el CAS. Solamente y nada más.
  • Van a pasar a un túnel con una paquetería como la del supermercado. Ahí quitan celulares, perfumes, antibacteriales, memorias USB, tarjetas de memoria, cargadores, etcétera. Les dan su pase para recogerlos a la salida y listo.
  • Pasarán por un cuarto que parece filtro de aeropuerto. Dejen su bolso y chamarra en la charolita de plástico y listo. (Mejor no lleven mochila porque esa sí se las van a retener en la entrada).
  • Ahora deben pasar a una mesita con una señorita que depende de la hora puede ser sonriente o no. Validará los mismos papeles que les pidieron en la entrada. (Dejen en paz ese fólder). Les dirá en qué fila deben sentarse para esperar a que la marrana ponga.

 ¡Viene la parte intensa! Después del mucho (o poco) tiempo que esperen, les asignarán una ventanilla para ver al cónsul. Así es, una ventanilla como del banco (para los que creían que era una oficinita en la que pacientemente interrogan a uno).

En este punto quiero hacer una acotación: aunque suene horrible, la máxima “como te ven, te tratan” se aplica más que nunca. Al cónsul no le va a interesar todo lo trabajador que sea, buena gente u honesto; lo primero (y casi único) que verá es lo que trae puesto.
Neta vayan bien vestidos, como si fueran a ver a su padrino.

 Llegan las preguntas y donde viene la ruleta rusa, porque las dudas dependerán del humor en que esté el cónsul, del calor, del mes, de la hora, de si ya se quiere ir, de si lo agarró el tráfico y llegó emputado, de si tiene diarrea… O sea, es COMPLETAMENTE impredecible.
Eso sí, lleven todos los papeles que constaten que no se quiere ir a trabajar a la pizca de algodón y que tiene intensión de regresar a México. Si les hace sentir más seguros llevar acta de nacimiento, papeles de la escuela, título profesional y cartilla de vacunación, llévenlo. Puede que se los pidan, puede que no.

 A mí, la verdad, me fue la mar de bien. Traté de pensar que era como hacer cualquier otro trámite y que todo saldría bien (aunque tenía taquicardia y una alberca en las axilas). Me la aprobaron y salí bailando chachachá hasta casa de mi hermana.
Escribo esto porque espero que alguien lo lea y se salve de todas las contrariedades que pasé por nerviosa. Chance se los cuento otro día.

O no 🙂

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