Adiós Makken

Hace exactamente tres años y medio salí de un trabajo en el que no era feliz y sólo duré dos meses. Además de que me cagaba, trabajaba como loca y no tenía tiempo ni de participar en el desmadre general al que llamaban convivencia (le decía “La oficina Montessori”).

Cuando a esa agencia se le cayó la cuenta en la que trabajaba y me dieron las gracias, de inmediato conseguí entrevista en otro lugar: decían que apenas empezaba el área y necesitaban gente con urgencia.

La verdad es que no me convencía ni la zona ni el trabajo (que seguía siendo publicidad), porque mi formación y pasión, es escribir hasta sangrar el teclado. De todas formas fui a entrevista y aunque advertí que no sabía nada de publicidad, me quedé. Realmente necesitaban gente.

Y así fue como inicié esta aventura que ha durado tres años y medio y que terminará el 15 de diciembre (entre un 16 de julio, casi exacto).

En esta H. agencia (como dice mi Moyas) vi, aprendí, me enojé, enfurecí, reí hasta las lágrimas, también lloré y me enamoré mil veces de todos los guapísimos de Polanco. Tuve la oportunidad de viajar y hacer muchos sueños realidad. Hice una vida, en resumen.

Laboralmente crecí mucho. De entrar como community manager que no sabía nada de publicidad, hoy me voy como líder de equipo; aprendí a tener gente a cargo, a dar órdenes, a que no se me moviera el piso por subirme a un tabique. En Makken aprendí templanza y eso me lo voy a llevar toda la vida.

También, aunque suene a cliché, encontré una familia a la que he elegido cuidadosamente, empezando por Teté, que sin su ayuda y paciencia, me hubieran corrido a la semana. Luego se fue formando el HHH Cuartel de las feas con Yola y Moyas y más adelante, Fernanda y Alex. Y los que no son del Cuartel, pero igual amo con todo mi corazón, Raquel y Fernando.

Gracias Moy, has sido mi amigo, confidente y hermano. Nos hemos reído como idiotas, comido hasta reventar, estar tristes, llorar y levantarnos del suelo para agitar la melena y seguir de pie. Decir que te amo es muy poco.

He visto pasar muchas generaciones de makkenianos. Desde los que llegaron como fuertes promesas y en eso se quedaron (como diría Moy: estrellitas marineras hemos visto subir y estrellarse en el suelo), hasta los que llegaron sólo para cubrir la vacante y en realidad se convirtieron en grandes elementos a los que muy pronto, esta agencia les quedó chica. Cuando llegué había exactamente seis personas. Hoy es un robusto equipo de 50 personas y contando.

Vi cuentas llegar, otras irse. Tuve a mi cargo cuentas que no me gustaban y otras a las que se les veía una oportunidad. En especial, llegó una marca que he amado desde el día que Hernán y Li confiaron en mí (como pasó desde el primer día que llegué) y me dieron la oportunidad y encomienda de que la formara a mi gusto y parecer. Desde ese día la alimenté, le di forma, voz y personalidad y solita se convirtió en el gigante que hoy es Larousse latam.

Tres años he trabajado con esa marca y durante ese tiempo, ha sido una de mis mejores experiencias laborales. Agradezco profundamente al equipo de Larousse (Luis de la Peña, Montserrat Cisneros y Gerardo Guerrero) que ha confiado y acepta de buena gana casi todas las demencias que les proponemos (como: ¿qué les parece que agarramos una llama, le ponemos lentes y la volvemos culta?).

Al equipo de diseño que me soportó (Gaby, la damita Nathalie , Luis Rey de mi corazón, Melissa, Andrés y Dafnet) y que me ha seguido en las locuras que no sólo a mí se me han ocurrido, también a Fernanda, Claudia y Rodrigo, en quien dejo mi proyecto más querido y al que le he dedicado trabajo, estrés y sobre todo muchísimo amor.

Nunca pensé vivir tanto en un lugar. Cada año que pasaba ponía en Facebook alguna notita conmemorativa; este año puse una foto en la que sale gente con la que he pasado más horas que con mi propia familia. Y es que es mi otra familia: son con los que río, me enojo, les dejo de hablar y luego de un rato, volvemos a reírnos como si nada pasara (y sí, te hablo a ti cabrón, Fabiola Lara).

No diré que no tengo palabras, porque llevo más de una cuartilla, pero en mi corazón sólo guardo agradecimiento y cariño infinito por la agencia que me ha visto crecer como profesionista y persona, y que sin la formación que obtuve aquí (aprendizaje, reconocimiento, chingadazos, aplausos, frustración, regaños…)  no tendría la oportunidad que hoy, a ojos ciegos, me están brindando en otro lugar.

Neta Makken, muchas gracias.

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