Mes: enero 2015

Lo que tengo que decir sobre Déjame entrar (primera parte)

Primero debo aclarar algo: éste no es el tipo de literatura que suelo frecuentar; no me gusta la sangre, la violencia (excepto en las películas de mafiosos), los vampiros ni nada que se le parezca. No me gusta violentar mi mente, vaya. Ya tengo suficiente con ver las noticias.

PERO, en diciembre, durante la fiesta de fin de año, uno de mis compañeros de la agencia, (con el que debería platicar mucho más seguido) me contó de este libro y, la verdad, logró interesarme en la trama. Así que fui a mi segundo Gandhi de confianza más cercano y desembolsé 328 pesos más 70 de la película, versión sueca, obvio. (la verdad me pareció muy caro, pero lo valió).

Hay un par de inconsistencias libro-película, pero de eso hablaré más adelante.

El resumen rapidín para que entiendan de que hablo (en caso de que no les sea conocida) es este: Oskar, un niño de 12 años, está encabronado con la vida porque sus compañeros lo agreden brutalmente. Una tarde cualquiera conoce a Eli, una niña de su edad que es igual de rara que él. Eli vive con un individuo que presuntamente es su padre.

A la par, nos cuenta la historia de Häkan, pedófilo avergonzado de su condición y sujeto a las órdenes de su amada y la del grupo de borrachines locales: Jocke, Lacke, Virginia y Gösta.

¿Hasta aquí todo bien? Sigamos:

La trama es una cosa brutal.

Nunca había leído ninguna historia que tuviera un compendio tan agresivo y explícito de temas tabú como bullying, drogas, violencia, pedofilia y asesinatos. Posiblemente no me hubiera escandalizado tanto si la pedofilia no estuviera tan claramente descrita (aún me acuerdo y me dan nauseas). Pero al final, es una de las patas que sostienen la historia.

Es curioso, pero ante tal despliegue de horror el autor, John Ajvide Lindqvist, trata (y logra) que el lector perdone a Häkan; no lo justifica, pero de alguna forma logra la compasión antes que el odio del lector. Por el contrario, sí logra el desagrado de los acosadores de Oskar, aún cuando son explicados y justificados (es curioso como, sin importar la nacionalidad, los patrones de conducta son universales).

Lo demás, es decir, la sangre, la onda del vampiro y todo eso, salen un poquillo sobrando. Hace poco me preguntaban que si tenía mucha sangre. Contesté (y sostengo), que no es fuerte por eso, sino por las acciones que suceden alrededor.

Sí, es una historia de amor. 

Claramente, el amor es el eje de toda la actividad del mundo y también lo es aquí. Lo que hacen los personajes, de una u otra forma es motivado por algún tipo de amor, ya sea a otra persona, a la familia o, paradójicamente, a la vida. También, el amor se utiliza como arma de supervivencia, motor de lucha y  moneda de cambio.

Como diría Chente Fernández, por tu maldito amor.

El universo vampírico es cosa seria 

La figura del vampiro siempre me ha parecido que tiene un perfil psicológico muy difícil: primero porque moralmente son malos (matan personas) pero pragmáticamente, sólo tratan de sobrevivir (matan para comer, algo que, básicamente, hacemos todos los que somos omnívoros), que algunos ya después lo disfruten, como los vampiros malositos andróginos de Twilight y Lestat, pues ya es otra cosa.

Hay dos cosas que me pregunto siempre sobre este tema: si están desensibilizados ante la muerte, esto significa que no tienen sentimientos, ¿entonces cómo explican su capacidad de amar a otra persona?

y dos: ¿¡cómo jodidos tienen tanto dinero?! ¿Por qué todos los pinches vampiros son ricos?

Ya para terminar la primera parte (porque en la segunda diré mis conclusiones sobre la película), creo que este libro es muy bueno, brutal, pero brillante. En forma, el autor realmente logra impactar desde el principio ya que apela muy duro al morbo del lector. Después se suaviza, pero de principio conecta un amor-odio con el que ya no se puede soltar el libro hasta el final.

Normalmente prefiero leer primero el libro y luego ver la película; en este caso creo que lo pertinente sería hacerlo al revés. La película es una cosa que debe verse como unidad aparte. Decanta casi todo lo horrible del libro, y lo convierte en una historia macabra de amor.

Pero de eso hablaremos otro día (muy pronto).

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De poetas a detectives salvajes

Cuando terminé de leer el primer capítulo de ‘Los detectives salvajes’ quise olvidarme del mundo, tomar una mochila y vivir únicamente de lo que mis textos dieran. Claro, no contaba con que los gastos no se pagan solos, que sigo ahorrando para viajar y que a veces me gusta comer y vestir bonito. Es que la vida del poeta no deja, chavos (o no siempre).

Pero justo así es como arranca la historia del joven poeta García Madero: con el abandono de los estudios y una vida “frívola” para embarcarse, más que en una corriente poética, en la tarea de autentificarse como persona y pertenecer. ¿A qué? A lo que sea.

Es importante decir que esta novela es casi autobiográfica, lo que le da más peso y morbosidad. Esto queda demostradísimo con los propios protagonistas, Arturo Belano y Ulises Lima, que están basados en el mismo Roberto Bolaño y su gran amigo, Mario Santiago Papasquiaro respectivamente. De hecho, se dice que los personajes tienen manías características de estos; por ejemplo, no es casualidad que a Ulises Lima y a Mario Santiago les gustara leer mientras se bañaban.

Así como ellos son personas “reales”, los otros real-visceralistas también. Si Wikipedia no se equivoca, en el artículo podrán ver que hay una tabla de equivalencias sobre quién es quién en la novela y en la vida real.

Hablando de la sustancia, en este caso, creo que la sociedad que describe Roberto Bolaño es totalmente visionaria, pues a pesar de estar situada en los años 70, podrán encontrar miles de coincidencias a la comunidad seudointelectual defeña (y supongo que de cualquier otro lado, los mamadores no tienen nacionalidad).

No dudo que alguien ya haya inventado la corriente humanista-cerebral (o algo así) como los real visceralistas, (que por cierto, es en realidad el movimiento del infrarrealismo, creado por los propios Bolaño y Papasquiaro).  Por otro lado, los  miembros de esta corriente no saben a ciencia cierta qué se hace, cómo debe ser el estilo de un real visceralista; aspiran a ganar premios de poesía underground reservados sólo para amigos, y la búsqueda-culto desesperado de poetas que, sólo personas selectas conocen, hace que los personajes se vuelvan tan absurdos como los poemas que escriben…

¿alguien dijo hipster?

Si bien tiene ese fastidioso estigma de “libro de culto” (lo cual hace pensar que es un chorizo complicado e ininteligible), es una trama divertida, por momentos cachonda o desenfadada; a veces ligera para leer (que no para cargar, están avisados) y otras veces demasiado compleja y agotadora. La narrativa también ayuda muchísimo, pues está dividido en tres partes: la primera y la tercera con un narrador en primera persona (el poeta García Madero contando, primero, cómo conoce a los real visceralistas, la forma en la que lo impactan y luego la huída al norte junto con la absurda búsqueda de Cesárea Tinajero).

La segunda está contada desde la perspectiva de los que conocieron a Arturo Belano y Ulises Lima, (como un retrato hablado) cosa que de alguna forma, es injusta con los protagonistas pues nunca los deja explicarse; todo el tiempo son observados, narrados y juzgados por los ojos de quienes los aman o los detestan, lo que hace que el lector tenga sentimientos encontrados todo el tiempo: a veces son odiosos, adorables, desprotegidos, tristes o incomprendidos.

(exactamente igual que Roberto Bolaño, no niego que fue un gran escritor, ¡pero qué odioso era!)

Sin duda, Los detectives salvajes no queda a deber, pero tampoco es un libro que quiera volver a leer

🙂