Mes: marzo 2014

Alabama Shakes tenía razón

Nota: oiga de fondo la nueva canción de Alabama Shakes y si escuchan la letra, entenderán porqué el título. 

A mí los problemas de desamor siempre me han parecido muy pendejos. Digo, comparado con el hambre del mundo, el terrorismo o el narcotráfico es un problema mucho menor, ¿no?

Pero la cuestión es que cuando te toca vivirlo, es una cosa muy fea que se siente como terrorismo a tus emociones y hambruna del alma. O algo súper dramático.

Hoy día estoy viviendo algo que se le parece mucho. No es exactamente desamor, o sí, la verdad no lo sé.

Después de sucesos recientes que han pasado en mi vida (mi problema de siempre: amor no correspondido), volví a preguntarme qué estaba haciendo mal (porque después de varias veces ya es problema mío).

Según el análisis que hice en el metro trayecto casa-empleo (porque el metro es el mejor lugar para meditar sobre lo qué está mal con tu vida), saqué varias conclusiones de porqué busco inconscientemente relaciones de este tipo:

Porque: tengo pavor al compromiso, a mantener una relación más profunda, a que esa relación profunda me tambalee emocionalmente y pierda toda la perspectiva de la vida y que eso me limite como individuo.

Y es así como llego a mi situación actual: con dos humillaciones (voluntarias, quiero aclarar), un boleto sin regreso a la zona más temible que el triángulo de las bermudas, el friendzone y una amistad rota (y no en pedazos grandes que se pueden pegar, sino como se rompe un parabrisas) y de nueva cuenta, un corazón rotísimo: el mío.

Bueh, yo tuve la culpa: ya sabía que ese camino estaba muy feo, que era como la cuesta de Los arrepentidos del Popo, que iba a salir raspadísima y simplemente dejé que mis sentimientos se fueran como gorda en tobogán.

Aquí quiero hacer un paréntesis. Es bien importante saber cuándo se es intenso (algo que mi amigo Rodrigo traduce como: persona que es necia, temiblemente insistente) y cuando pones límites. Yo he sido de las dos formas: con Francisco fui intensa, intensísima; a Alejandro jamás le puse un límite.

Con el dude actual, creo que llegué al punto medio: al calor de una tonta pelea decidí hablar con franqueza de mis sentimientos. Decidimos actuar como adultos y salvar la amistad. No se pudo después de una serie de eventos ridículos que desembocaron en otra pelea y con el punto final de la relación amistosa-friendzoneada.  Me pregunté si eso era “intensidad”. No, es sólo marcar los límites que deben existir en un adulto equilibrado y maduro.

Ya estoy cansada. I don’t wanna fight no more.

Insistir en retomar la amistad ahora hecha puré por las verdades (la verdad os hará libres, pero no felices) cabría como ser intensa y no me voy a enganchar con algo que sé que me afectará mucho más a la larga. No estoy enojada, solamente muy triste y frustrada por cómo terminaron las cosas (dos veces) y por no haber aprendido las lecciones que debí aprender con las experiencias anteriores.

Ahora sólo quiero llorar mi caída, levantarme, sacudirme el polvo y tomar el camino menos sinuoso para avanzar en el mercado del amor.

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